
Nunca escribí cartas a nadie que no conociera, siempre lo limité a mi familia o amigos, hasta que un día cuando sentí la soledad más grande de mi vida, me animé, y empecé a cartearme con gente que nunca había visto., gente amigable, que realmente existen. Y no sólo amigable si no dispuesta a brindar su amistad, y empezar un lazo, que hasta se convirtió en amor., hace muchos años que dejé aquello, tal vez por que mi vida siguió un rumbo, que distrajo ese lindo contacto episcopal, y ahora no me surge continuarlo, pues en aquel entonces me animé debido a una puntual necesidad, que pude satisfacer., Son lindas las cartas cuando llegan a tus manos una emoción especial llena tu corazón, y quieres seguir escribiendo y recibir una y otra y otra., ahí descubres que no puedes abandonar a ese alguien que espera tu respuesta, ese alguien que necesita de tu afecto y tu de aquél. Cartas especiales he tenido, y siempre le animo a ese alguien que me escribió hermosas cartas, lo siga haciendo, ya que con sus palabras y sus letras me llenaron el corazón, y hasta me enamoraron, no importa si le parece que no hay letra o no tiene que contar, a veces la emoción que a uno nos causa recibirlas y leerlas te agranda el amor, y creo que bien se justifica tan hermosa acción. Hay cartas y cartas y de todas ellas me quedo con las de amor.
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