
Había olvidado ciertos gestos, algunos sabores, texturas y olores, que el tiempo y la rutina, se había encargado de borrar, podrían pasar semanas, meses y tal vez casi años sin que se produjera el dulce encanto del encuentro, aquel que involucra un encuentro tan íntimo, y personal, nuestra gata se ha metido en el medio, queriendo poner un límite a ese irremediable momento, pero esta vez no cedimos no le hemos cumplido su capricho y ha huído ante el amague de un amable golpe, es que a esa hora tan corrida de la mañana, tiene por lugar ocasional el preferido calor de nuestras almohadas hechas de plumas de ganso.
Hoy no olvido ese momento, que como siempre repito a mi amor, que me deja un remanente, un residual que por días no se va.
Y que estoy segura que me quedo tan sensible, que hasta el viento que me roza puede recordarme esos momentos.
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